Aunque caminando hasta lugares inexistentes y enlodados en busca de un poco de sal, ayudando a mercaderes de leche sin un real para volver a la capital, dándole uno de sus más preciados tesoros que se lo llevó hasta la tierra, la única cuenta que tenía el mercader, la única manera de poder llegar a su destino, y que siempre la llevó en la mano. Hasta ahora.
Un caballero, coqueto, viajante. Mi abuelo, mi flaco, Papico... Botando virutas en los zapatos y lijando lo último que le queda dentro del caucho quemado de las llantas de todos los autos que pudo conducir.
Rafael Cahueñas [1926-2010]
Te amo, Papico.