es hermoso poder ver la inmovilidad de tu cuerpo mientras rodeo mis manos por tu cuello,
o la manera como atarse es amarse, y callarse mientras queremos gritar.
La desesperación está dentro de todo lo que hacemos,
la emoción de no saber lo que habrá en la puerta siguiente,
o la espera.
Cuando se abra sola, y salga.
Maullando, gritando, golpeando y mutilando,
cuando el sol golpea al mar, y las olas a los bañistas,
contemplando lo que algún día no pudo ser sin sentido,
pero sí, puede ser, aunque no lo quieras ver en el fondo.
La certeza de no saber la verdad te aturde,
pero no es coplicado poder explosionar ante el instante previo de la no-sabiduría,
porque no la tienes, o pretendes no-tenerla cuando siempre estuvo en tu centro.